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Celorio en el camino

Publicado el Sábado 15/09/2012 | Escrito por | Sección: Colaboraciones, Destacados

Senda cicloturista de Celorio - Celoriu.comEl peregrino había pernoctado en Celorio en lo que había sido hogar benedictino con alberguería, y en otro tiempo, importante centro de estudios, hoy perteneciente a la Compañía de Jesús. Al salir del convento y en la misma plaza observa la inmensa “hoguera”-eucalipto gigante- plantada por los mozos del pueblo siguiendo las instrucciones y normas del vecino ya difunto Esteban Llaca quien manejaba las cuerdas y los bueyes de arrastre como nadie. Dejamos a nuestra derecha la playa de La Palombina, poco concurrida en ese día que más que veraniego parecía otoñal. Saludamos al escritor José Manuel Vilabella que cargado de periódicos se va a tomar un café a La Rotonda donde le espera Rosita, la propietaria, con ganas de comentar los titulares de El Comercio.

Tras dejar atrás la ería de Alsedú, antíguamente con laguna incluida, llegamos al Borizu y pasamos delante del restaurante del mismo nombre propiedad de la familia Oves Cué, hijos de Antonio, personaje celoriano ya desaparecido que ejerció de albañil, de enterrador, de recolector de ocle y de varios oficios más. Me aseguran que en El Borizu, preparan los mejores cachopos -por sabor y por tamaño- de toda la comarca oriental, pero habrá que probarlos en mejor ocasión. Continuamos camino y saludamos a Juanita Rodríguez, cultivadora de hortalizas en los invernaderos cercanos a la playa de Troenzo y nos suministra un par de manzanas de reineta que guardamos en la mochila. A pocos metros ya divisamos la localidad de Barro y las múltiples edificaciones que crecieron en los últimos años. Uno recuerda con cierta nostalgia de juventud, la discoteca El Balandro encima mismo de la playa, edificio que aún se mantiene sin actividad alguna. En el trayecto, hay tiempo para pensar muchas cosas y en muchos recuerdos. Casas con palmeras con aires indianos y donde se mezcla el turismo con el mundo rural. Llegamos al cruce que indica hacia Balmori, hacia Celoriu o hacia Niembro. Continuamos hacia la derecha y divisamos la ensenada, el lugar más fotografiado de toda la costa asturiana con la iglesia Nª Sª de los Dolores bañándose en aguas cantábricas, lugar asimismo, conjuntamente con el cementerio, reflejado en varias películas de José Luis Garci o Gonzalo Suárez y hasta en anuncios publicitarios.

Bordeando la ensenada, tenemos a nuestra izquierda una fuente con placa dedicada a algún alcalde en 1957 y que el peregrino lamenta verla inutilizada a pesar de las mejoras realizadas en la zona, obras que aún no están finalizadas, así que quizás -algún día- la fuente vuelva a manar.

Pasamos por encima del río Calábres y tras dejar atrás un molino restaurado, sus aguas están a punto de mezclarse con otras saladas, río que trae sus aguas desde el mítico y bélico Mazucu en plena sierra del Cuera, y tras pasar cerca de algún arenero, va depositando sus partículas por Lledías y Quintana.

Tras pasar el puente encontramos la capillina de Ánimas o del “Santín” con imágenes en su interior de la Virgen del Carmen y de San Roque, así como una placa con texto anónimo que hace reflexionar al peregrino:

“Yo tuve lo que gasté,

pero tengo lo que di.

Sufro por lo que negué

y lo que gané perdí.»

Junto a la fachada izquierda de la ermita las veneras y flechas amarillas señalizadoras del Camino de Santiago, indican hacia una ruta empedrada pero en este caso continuamos por la carretera. Dejamos en plena curva y a nuestra derecha, la iglesia que ya citamos y a lo lejos vemos chalezón de emigrante exitoso y de posibles mexicanos, finca que contiene varias esculturas. Una de ellas nos recuerda a otra de Salvador Dalí que está ubicada en la losa de Renfe en Oviedo.

Vemos cercanas las casas de Niembro colgando de la montaña y que tal parecen formar parte de un belén navideño cuando aparecen las primeras luces al atardecer tras la puesta de sol en Torimbia. En la misma recta, hay una pequeña casita habitada por dos hermanos muy peculiares: Manolo y Venancio Cobielles, conocidos como los Pichirichi, otrora auténticos lobos de mar y ahora, quizás, los únicos especialistas en buscar xorra aprovechando la marea baja en la ría del Bao. Dos veleros con bandera francesa están anclados en medio de la dársena.

Niembro fue durante los siglos XVI y XVII importante puerto desde donde partían con destino a Inglaterra barcos cargados con toneladas de avellanas, claro que eran otros tiempos antes de que abandonásemos las plantaciones de este fruto oleaginoso. Hacemos parada breve en La Parrera ya que traemos recuerdos personales del radiofonista Carlos Herrera para la familia Obeso pues hace dos o tres años haciendo su Camino, probó las alubias verdinas con marisco en esta casa y aún suspira por ellas ante los miles de oyentes de Onda Cero. Carlos – al contrario que el general Mc. Arthur que prometió volver y no volvió, Carlos si que lo hará y pronto porque es hombre de palabra.

A poco más de seiscientos metros encontramos el bar-tienda de nombre mexicano Tlaxcala, establecimiento donde recala cada mes de agosto el ex-ministro Rubalcaba. Nos aprovisionamos de agua y enfilamos cuesta arriba la recta que nos saca de este precioso pueblo, con cuidadas huertas a ambas márgenes, limoneros repletos de frutos, higueras miguelinas y berzas en abundancia. Saludamos a Don Gustavo Bueno que pasea junto a su esposa enfundado en su gabardina por aquello de vaya yo caliente y ríase la gente y en lo alto, damos un respiro a las piernas y contemplamos durante unos minutos el paisaje con la sierra despejada. Un poco más adelante, una cerámica en completo abandono y aún con los ladrillos de la última hornada perfectamente apilados, nos da muestras de la importancia de los tejeros en la zona y lo abandonado que está el patrimonio industrial. Nos acordamos de la xiriga y del amigo Miguel Concha Sampedro de El Sablón, fallecido en abril de 2011 con doce años comenzó su andadura como tejero. Efectivamente, en el Camino hay tiempo para pensar en muchas cosas y para acordarse de los amigos y como diría Wenceslao Fernández Flórez, curando al viento y al sol las impurezas del espíritu.

 

Miguel Angel Fuente Calleja - Celoriu.comMiguel A. Fuente Calleja, natural de Hevia del concejo de Siero, lleva viviendo en Noreña desde 1973 y visitante ocasional en Celoriu desde 1970, aunque conoció mucho antes nuestro pueblo, visitando con su padre un campamento juvenil instalado en un prado situado encima de la playa del Borizu. Cronista Oficial de la Villa de Noreña, es miembro de la Academia Asturiana de Gastronomía y colaborador del suplemento gastronómico Yantar de El Comercio, de la revista Cárnica 2000, del Diario Montañés y de las emisoras de radio de Onda Cero Asturias, medios donde habitualmente comenta sus visitas a la hostelería del oriente asturiano. Aficionado a la fotografía,le agrada recorrer la costa llanisca y plasmar imagenes de las puestas de sol en las playas de Torimbia, en la península del Borizu o desde los altos de Cué.

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  1. Buena crónica…si señor,!!!