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La necesaria deslocalización

Publicado el Lunes 9/01/2012 | Escrito por | Sección: Editorial

Guille Rodríguez - Celoriu.comCompruebo con sorpresa como la inercia nos lleva en ocasiones hacia destinos que ni siquiera buscamos. En una época de crisis económica en la que no sólo estamos perdiendo poder adquisitivo, sino que en muchas ocasiones se están viendo comprometidos muchos derechos y comodidades ya adquiridos, las empresas no han entendido que en muchas ocasiones es necesario parar un segundo la locomotora, mirar hacia dónde queremos ir y volver a enderezar el rumbo con los vagones bien ordenados.

 Lo digo concretamente porque veo como las principales empresas siguen apostando hoy en día por asentarse en las grandes ciudades cuando cada vez tiene menos sentido tanto para la entidad como para sus trabajadores. Ciudades como Madrid y Barcelona siguen creciendo, creando ciudades dormitorio a las afueras y enlazando un polígono industrial o financiero con otro. Sus empleados siguen aguantando tremendos atascos cada mañana, siguen invirtiendo horas en llegar al trabajo cada semana, y una reunión en la otra punta de la ciudad (aunque dure una hora) supone perder toda una mañana en desplazamientos, aparcar y volver a la oficina. Esto lleva a su vez a que los propios empleados gasten cientos de euros al mes en transporte, inviertan mucho tiempo en la carretera y lleguen muy tarde a casa después del trabajo. Casas que por cierto cada vez son más caras y están más lejos, por la simple ley de la oferta y la demanda.

 Esto tuvo su sentido, al menos hace 40 años cuando se empezó a general el tejido productivo actual de España. Cuando había que estar en Madrid o Barcelona porque era donde estaban los grandes aeropuertos, y donde las infraestructuras permitían desplazarse de una empresa a otra para hacer negocios. Pero si algo ha cambiado en los últimos 15 años es eso. Hoy ya no hace falta “estar ahí”, porque se está en todas partes. Los transportes y las comunicaciones han cambiado mucho, sobre todo éstas últimas, conectándonos a cualquier parte del mundo en segundos a través de la red.

 Y es hora de que este cambio que es real y tangible, tenga reflejo en la forma de trabajo en las empresas. ¿Qué sentido tiene que sigan implantándose sólo en las grandes ciudades? Irse a ciudades pequeñas o incluso zonas rurales, abarataría costes para la empresa, mejoraría y mucho la calidad de vida de sus trabajadores, y sin duda repartiría la riqueza.

¿Os imagináis que la central del Banco Santander en lugar de estar en Villaviciosa de Odón (Madrid) estuviera en Torrelavega?. La empresa alemana Bosch está implantando su centro de ingeniería a nivel mundial en un pequeño pueblo cerca de Stuttgart en Alemania. Porsche ya lo tiene en otro pueblo (no más grande que Llanes) llamado Bietigheim. Ello ha generado miles de empleos en la zona, pero sobre todo ha repartido la riqueza, sus empleados pueden ir a trabajar en pocos minutos y gastan poco en transporte. Tienen calidad de vida ellos, y generan movimiento económico en las tiendas en las que consumen o en los lugares de ocio en los que disfrutan. Por no hablar de los impuestos que las empresas pagan en esas localidades y que han permitido bajar los impuestos a sus ciudadanos y mejorar y mucho su pueblo. Y hay muchas empresas como estas que podrían perfectamente repartirse por toda la geografía española.

 Asturias es una región excelentemente posicionada para acoger empresas, tiene buenos transportes, puertos, aeropuerto, y esperemos que pronto estén finalizadas las obras de la A-8 y el AVE. Además cuenta con inmejorables infraestructuras de telecomunicaciones, el factor clave para el trabajo hoy en día. Pongamos facilidades a las empresas, todas las del mundo, y ellas que se planteen si están en el mejor sitio posible;  pero ya.

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